Omeyer: del arco de balonmano a la pista de pádel
Thierry Omeyer es una de las caras más emblemáticas del balonmano francés. Como portero de la selección durante muchos años y doble campeón olímpico, marcó toda una era entre los postes. Desde el final de su carrera profesional en 2019 no ha abandonado realmente el deporte: solo han cambiado el terreno de juego y el material. Hoy Omeyer se siente en casa en las pistas de pádel y volvió a destacar en el Head Padel Tennis Paris, donde numerosas personalidades del deporte se reunieron con la pala en la mano.
Del arco de balonmano a la pista de pádel
Omeyer vive el cambio del balonmano al pádel con mucho entusiasmo. «Me encanta jugar al pádel», dice. «Es un deporte estupendo en el que me divierto, me desgasto y todo ocurre en un ambiente muy bueno. En el pádel hay un auténtico espíritu de equipo y eso me gusta.» Más allá del aspecto deportivo, lo que más le seduce es la convivencia de la disciplina. Ese espíritu se repite en eventos donde antiguos profesionales se encuentran en un entorno relajado pero competitivo, sin perder de vista el placer del juego.
La presencia de Omeyer en las pistas ya no sorprende a la escena. Con los años se ha ganado un lugar fijo entre las figuras conocidas del pádel francés. En el Head Padel Tennis Paris aprovechó para contar a Padel Magazine su creciente pasión por el deporte y explicar por qué su pasado como portero de élite le sigue sirviendo hoy en la pista.
Cualidades de balonmano como ventaja en pádel
Los paralelismos entre la portería y la defensa en pádel son evidentes para Omeyer. Casi veinte años al máximo nivel en balonmano entrenaron sus reflejos, la lectura de trayectorias y la capacidad de mantener la calma bajo presión. Todo eso es hoy una auténtica arma en la pista de pádel. «Haber sido portero de balonmano me ayuda muchísimo», subraya. «Sobre todo en la volea, en los reflejos, defendiendo y bloqueando, ya sean bajadas, smashs o viboras. Las cualidades que tenía como portero me ayudan mucho.»
La declaración ilustra cómo las competencias pueden transferirse entre deportes cuando la lectura del juego y la coordinación ocupan un lugar central. Para Omeyer el cambio no es un simple pasatiempo, sino la continuación de una mentalidad deportiva en un nuevo entorno. Sigue trabajando su juego aunque hace tiempo que dejó el balonmano profesional.
Defender antes de atacar
En una entrevista anterior con Padel Magazine, Omeyer ya había destacado la importancia del globo en el pádel moderno. Ahora profundiza en su filosofía de juego. El globo sigue siendo imprescindible para recuperar la red y empujar a los rivales hacia atrás. Al mismo tiempo ha desarrollado una predilección especial por otro golpe emblemático del pádel. «El globo es realmente un golpe que hay que dominar para intentar recuperar la red y hacer retroceder a los adversarios», dice. «Hoy lo que más me gusta son las bajadas. Es un golpe que aprecio mucho.»
Aún más importante que los winners espectaculares es, para Omeyer, la disciplina defensiva. «También me encanta defender porque creo que es la base del pádel y hay que intentar cometer el menor número de faltas posible», explica. «Eso es lo que gana los partidos, porque terminar los puntos se vuelve más difícil a medida que sube el nivel.» Esa actitud recuerda inevitablemente su etapa como portero, cuando la paciencia, el posicionamiento y evitar errores decidían victorias y derrotas.
Todavía margen de mejora en la red
A pesar de su experiencia y de un nivel de juego sólido, Omeyer ve claros campos de progresión. Sobre todo quiere ser más valiente en la red. «Quizá ser un poco más agresivo en mi definición cuando estoy en la red», admite. «Tiendo a jugar con seguridad para no cometer faltas. A veces habría que ser un poco más agresivo para cerrar los puntos.» El análisis muestra lo exigente que es el pádel como equilibrio entre paciencia e iniciativa, incluso para un atleta con décadas de experiencia de élite.
La franqueza de Omeyer sobre sus debilidades encaja con su mentalidad deportiva. No considera el pádel un simple deporte de transición, sino una disciplina con exigencias técnicas y tácticas propias en la que sigue trabajando. Precisamente esa mezcla de disfrute y ambición explica por qué permanece fiel a la escena.
El pádel como punto de encuentro para exprofesionales
Desde hace años las pistas de pádel atraen a cada vez más antiguos deportistas profesionales: balonmanistas, futbolistas, tenistas. Para Omeyer esa diversidad es una de las grandes riquezas del deporte. «Lo mejor de este deporte es que muchos antiguos atletas de distintas disciplinas lo practican», dice. «Permite reunirse todos alrededor de un deporte común en el que te diviertes. Si jugáramos al fútbol contra futbolistas, estaríamos claramente por debajo. Si vienen al balonmano, ellos lo están.»
El pádel ofrece así un marco competitivo más accesible y equilibrado que las disciplinas de origen de muchos exprofesionales. Cada uno recupera allí una parte de la sensación competitiva sin arrastrar las enormes diferencias de nivel de su propio deporte. Para Omeyer el placer sigue intacto, junto con la convicción de que aún queda mucho margen de progresión. En las pistas de pádel es probable que se le vea mucho tiempo más con la pala en la mano.